lunes, 6 de octubre de 2014

Un partido ecoloista en proyección

Margot Soria, la vicepresidenciable que desea una Bolivia ecologista


Hace 25 años, mientras daba clases y lograba el doctorado en Ciencias Sociales, asumió como filosofía de vida el ambientalismo. Comenzó con un proyecto de reforestación, compraba arbolitos y los plantaba en Oruro, intentaba generar microclimas en áridos lugares. Simultáneamente empezó a reciclar papel. Ahora cada vez que va al mercado lleva sus propias bolsas de tela y evita las de nailon. Eso no es todo. Igual racionaliza al máximo el uso del agua y de la luz. Su hija le sigue los pasos: es vegetariana y maneja bicicleta.
Son las 11.00. Soria continúa reunida con los candidatos de su partido. Sale un momento y presenta a Cristian Vera y Adelaida Salazar, fundadores del PVB, el 9 de agosto de 2007, quienes ahora aspiran a ser diputados. A unos metros nada más está Carlos Soria, su hermano y jefe de campaña. Carlos, Margot y Reyna, su otra hermana, se hicieron ecologistas hace más de dos décadas.
Identificada con el Partido Verde Francés, Soria insiste en que el nuevo paradigma mundial es el ecologismo y ya no el neoliberalismo, por eso apuesta por un desarrollo sostenible, por la complementariedad, la reciprocidad y el comunitarismo. “El hombre debe restablecer su armonía con la naturaleza”, resume, mientras sale para dar una entrevista a PAT.
Son las 12.15. El postulante a la presidencia, Fernando Vargas, llega con unos plátanos. “Son más ecológicos que las tucumanas”, lanza el hombre que lideró la VIII y IX marchas por el TIPNIS. En la reunión se eligen a los delegados ante el Tribunal Supremo Electoral, y cómo y dónde se hará el cierre de campaña. Entre los asistentes hay ingenieros ambientales y forestales.
Son las 13.15. Soria sale de sus interminables reuniones, baja a pie los tres pisos y en la calle toma un radiotaxi, esta vez junto a la activista Marilú Escóbar. El destino es La Casa de los Ningunos, en el barrio de Sopocachi. Allí, unos baners con fotografías de las consecuencias del cambio climático en el lago Titicaca, la sequía en Villa Montes (Tarija), entre otras, reciben a los visitantes. Una niña juega en un columpio, rodeada de árboles y al centro, en el comedor, jóvenes hacen fila para disfrutar de un salpicón de coliflor y zanahoria, y ensalada de lentejas.
Es la primera vez que Soria viene al lugar, pero se siente como pez en el agua rodeada de letreros que dicen: Por una nueva relación con la Madre Tierra, Contra los transgénicos y Contra la comida rápida y chatarra.
Son las 13.45. Soria degusta las ensaladas y aunque admite comer carne, prefiere los vegetales y escucha a los muchachos que organizan un Festival de Comida Consciente. El grupo es un colectivo identificado con las causas ambientales y Soria oye con entusiasmo y atiende otra entrevista de un tesista sobre el “vivir bien”.
Son las 14.30. Después de almorzar, todos hacen fila, pero esta vez la cola es para lavar los platos, los cubiertos y los vasos. La candidata espera su turno y comenta que el reciclaje del agua es vital.
Son las 15.30. Soria debe estar nuevamente en la oficina y más tarde, a las 17.30, debe atender una entrevista para otro canal de televisión. En el retorno desde Sopocachi, se queda pensando en un dato que escuchó mientras almorzaba y hablaba con Amos Batto, un especialista estadounidense ambientalista, quien le dijo que “cada boliviano produce al menos un equivalente al 80% de toneladas de dióxido anuales de carbono, 50% más del que un estadounidense provoca y cuatro veces más que un ciudadano europeo”. Por eso, afirma: “Somos verdes por una Bolivia ecologista”.
Son las 16.00. Nuevamente en la oficina reunida con los militantes, constata que faltan manos para la campaña. “Anoche solita fui a pintar las paredes en El Alto”, se queja Angélica Sarsuri, mujer de pollera que como todos lleva una camiseta con un girasol en el pecho, un símbolo ecologista.
Son las 17.00. La postulante encarga cartas, da instrucciones, llama por teléfono, revisa su iPod y vuelve a entrar a otra reunión. Afuera, un representante de los carniceros y un vecino de San Sebastián esperan reunirse con ella. Pese a no ser favoritos en las encuestas, Soria cree que lo visto al mediodía no hace más que reforzar que el ecologismo llegó a Bolivia para quedarse. “Vimos a jóvenes que ya practican la complementariedad y reciprocidad, respetando la naturaleza, sin querer se pusieron la camiseta verde, como muchos que lo harán el 12 de octubre”.

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