Margot Soria, la vicepresidenciable que desea una Bolivia ecologista
Hace 25 años, mientras daba clases y lograba el doctorado en Ciencias Sociales, asumió como filosofía de vida el ambientalismo. Comenzó con un proyecto de reforestación, compraba arbolitos y los plantaba en Oruro, intentaba generar microclimas en áridos lugares. Simultáneamente empezó a reciclar papel. Ahora cada vez que va al mercado lleva sus propias bolsas de tela y evita las de nailon. Eso no es todo. Igual racionaliza al máximo el uso del agua y de la luz. Su hija le sigue los pasos: es vegetariana y maneja bicicleta.
Son
las 11.00. Soria continúa reunida con los candidatos de su partido. Sale
un momento y presenta a Cristian Vera y Adelaida Salazar, fundadores
del PVB, el 9 de agosto de 2007, quienes ahora aspiran a ser diputados. A
unos metros nada más está Carlos Soria, su hermano y jefe de campaña.
Carlos, Margot y Reyna, su otra hermana, se hicieron ecologistas hace
más de dos décadas.
Identificada con el Partido Verde Francés, Soria insiste en que el nuevo
paradigma mundial es el ecologismo y ya no el neoliberalismo, por eso
apuesta por un desarrollo sostenible, por la complementariedad, la
reciprocidad y el comunitarismo. “El hombre debe restablecer su armonía
con la naturaleza”, resume, mientras sale para dar una entrevista a PAT.
Son las 12.15. El postulante a la presidencia, Fernando Vargas, llega
con unos plátanos. “Son más ecológicos que las tucumanas”, lanza el
hombre que lideró la VIII y IX marchas por el TIPNIS. En la reunión se
eligen a los delegados ante el Tribunal Supremo Electoral, y cómo y
dónde se hará el cierre de campaña. Entre los asistentes hay ingenieros
ambientales y forestales.
Son las 13.15. Soria sale de sus interminables reuniones, baja a pie
los tres pisos y en la calle toma un radiotaxi, esta vez junto a la
activista Marilú Escóbar. El destino es La Casa de los Ningunos, en el
barrio de Sopocachi. Allí, unos baners con fotografías de las
consecuencias del cambio climático en el lago Titicaca, la sequía en
Villa Montes (Tarija), entre otras, reciben a los visitantes. Una niña
juega en un columpio, rodeada de árboles y al centro, en el comedor,
jóvenes hacen fila para disfrutar de un salpicón de coliflor y
zanahoria, y ensalada de lentejas.
Es la primera vez que Soria viene al lugar, pero se siente como pez en
el agua rodeada de letreros que dicen: Por una nueva relación con la
Madre Tierra, Contra los transgénicos y Contra la comida rápida y
chatarra.
Son las 13.45.
Soria degusta las ensaladas y aunque admite comer carne, prefiere los
vegetales y escucha a los muchachos que organizan un Festival de Comida
Consciente. El grupo es un colectivo identificado con las causas
ambientales y Soria oye con entusiasmo y atiende otra entrevista de un
tesista sobre el “vivir bien”.
Son las 14.30. Después de almorzar, todos hacen fila, pero esta vez la
cola es para lavar los platos, los cubiertos y los vasos. La candidata
espera su turno y comenta que el reciclaje del agua es vital.
Son las 15.30. Soria debe estar nuevamente en la oficina y más tarde, a
las 17.30, debe atender una entrevista para otro canal de televisión.
En el retorno desde Sopocachi, se queda pensando en un dato que escuchó
mientras almorzaba y hablaba con Amos Batto, un especialista
estadounidense ambientalista, quien le dijo que “cada boliviano produce
al menos un equivalente al 80% de toneladas de dióxido anuales de
carbono, 50% más del que un estadounidense provoca y cuatro veces más
que un ciudadano europeo”. Por eso, afirma: “Somos verdes por una
Bolivia ecologista”.
Son
las 16.00. Nuevamente en la oficina reunida con los militantes,
constata que faltan manos para la campaña. “Anoche solita fui a pintar
las paredes en El Alto”, se queja Angélica Sarsuri, mujer de pollera que
como todos lleva una camiseta con un girasol en el pecho, un símbolo
ecologista.
Son las
17.00. La postulante encarga cartas, da instrucciones, llama por
teléfono, revisa su iPod y vuelve a entrar a otra reunión. Afuera, un
representante de los carniceros y un vecino de San Sebastián esperan
reunirse con ella. Pese a no ser favoritos en las encuestas, Soria cree
que lo visto al mediodía no hace más que reforzar que el ecologismo
llegó a Bolivia para quedarse. “Vimos a jóvenes que ya practican la
complementariedad y reciprocidad, respetando la naturaleza, sin querer
se pusieron la camiseta verde, como muchos que lo harán el 12 de
octubre”.
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